Después de poco más de un mes desde que se produjese la fuga en una de las plataformas petrolíferas que la multinacional BP tiene instaladas en la costa de EE.UU, el futuro de la misma se mantiene del todo incierto. Gran parte de dicha incertidumbre está siendo provocada por todos y cada uno de los actores que están participando en esta “gran obra de teatro” que está siendo el manifestar cual es el alcance real de tan dramática situación.
Muchos medios británicos, compatriotas de la petrolera, están empezando a apuntar curiosos y divertidos titulares jugando con las siglas de BP. El actor principal de este entramado informativo es, sin lugar a dudas, el culpable de la fuga: BP. Ellos, encarnados en su gabinete de prensa, están siendo incapaces de cumplir una de las máximas en el mundo de la comunicación empresarial en situaciones de crisis; de hecho, no han optado por emprender ninguna de las 5 alternativas existentes en el caso de querer salir airoso de una situación límite (silencio, negación, transferencia de responsabilidades, discreción controlada o confesión). Otro de los actores de la trama es el Presidente de los EE.UU, Barack Obama, cuyo gabinete tampoco está acertando en lo que a la problemática de la fuga se refiere; no olvidemos que EE.UU, una de las principales potencias poseedoras de petróleo (en gran parte “apropiado” de otros países) tiene el deber moral y político de manifestarse acerca de la fuga y, sobretodo, mostrar su apoyo público y alguna solución eficaz para “ayudar” a la petrolera. En ese aspecto, Barack Obama no está del todo acertado. Este, por lo tanto, debe dar explicaciones a un tercer actor del cual hablaremos más adelante: los afectados en particular, y la sociedad americana en general.
BP, por su parte, lleva mucho tiempo vendiendo cortinas de humo. Estas “cortinas informativas” están llegando a la opinión pública en forma de buenas noticias, esperanzadoras pero inciertas. Los medios de comunicación que, como no, están ejerciendo también como actores del problema, configuran junto con BP una agenda mediática a su medida. Así pues, podemos ver como hay semanas en las que el estado de la fuga ocupa un lugar privilegiado en la parrilla de todo informativo a nivel mundial o, como tras, el problema desaparece tal como si la fuga también hubiese desaparecido. Ello conlleva una distracción controlada de la opinión pública que solo favorece a una persona, jurídica en este caso, como es BP. Más allá de dar la información tal y como sale del gabinete de prensa de la petrolera británica, lo que deberían hacer los medios de comunicación es personarse en el lugar de los hechos para comprobar de primera mano cual es el estado real de la fuga o, en su defecto, cuales están siendo sus devastadores efectos sobre el medio ambiente y, lo que aun es peor, como la fuga está exterminando a diario a millones de animales que habitan en el océano.
Ante todo esto, es más que evidente que los dos actores principales (BP y los medios de comunicación), en especial los primeros, están configurando una agenda a su antojo, marcando unos ciclos más que claros que podríamos determinar y/o marcar de la siguiente forma: el problema sale a la luz pública por motivos más que evidentes; los medios de comunicación alertan al mundo entero de que es lo que está sucediendo y narran como hizo en su momento Orson Wells todos y cada uno de los hechos que acontecen. Después de una semana avasallando a la opinión pública con información, los medios aparcan el tema. De ahí en adelante, la forma de actuar de BP y los medios de comunicación es la siguiente: la opinión pública demanda información a los medios de comunicación; estos se la procuran con cuentagotas, contenido banal y poco relevante. Es entonces cuando la maquinaria del gabinete de comunicación de BP se pone en marcha para atajar el problema con una solución milagrosa que, como viene ocurriendo desde el momento de la fuga, definitivamente detendrá la fuga.
Lo cierto es que nadie sabe a día de hoy como acabará esta historia; lo que sí es cierto es que la torre petrolera en la cual nació la fuga sigue manando diariamente fuel que, a día de hoy, se extiende por todo el océano habiendo cumplido sus peores expectativas, acercarse al Golfo de Méjico. A día de se especula también con la posibilidad de que la mancha invada nuevas costas provocando una hecatombe de magnitud muy superior a la producida en España hace algunos años por el petrolero ‘Prestige’. Como ocurrió entonces, miles de costas se verán afectadas; millones de animales y plantas marinas se verán afectadas gracias una vez más a la acción del hombre.
Lo único claro que hay al respeto es que BP perderá su estatus de petrolera verde, esa imagen que hasta hace un mes ha vendido y que difícilmente podrá recuperar. ¿Cómo es posible que una petrolera pueda llegar a venderse como compañía verde? Salvo en el caso de las personas daltónicas, cabe recordar que el fuel ha sido toda la vida de color negro, del mismo color que a día de hoy invade las costas de EE.UU i el Golfo de Méjico y que nadie sabe hasta dónde puede llegar.
Xavier Ovejas
Fuentes consultadas:

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